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Natalia Spina, '14


El camino equivocado

     "Mandame un mensaje cuando llegues a casa", me dijo Alejando mientras bajaba de su coche para buscar la parada del 166, el colectivo que me lleva a mi casa. Mientras esperaba el colectivo solo pensaba en toda la tarea que tenía que terminar para el día siguiente; estaba un poco distraída. Ya eran las 12 de la noche y había mucha gente en la parada, delante mía había por lo menos unos 10 personas. Desde lejos vi las luces brillantes de unos colectivos y el cartel del colectivo que estaba en frente que decía "166 Palermo". Era mi primer mes en mi nuevo país, la Argentina, pero ya me había familiarizada con el transporte público. Llegaron tres colectivos al mismo tiempo, pero el último estaba casi vacío, entonces decidí subirme a ese mientras los demás se subieron al colectivo que estaba lleno. Me acuerdo que en ese momento sentí un gran alivio, pues era raro conseguir un asiento a esa hora.

     Mientras el colectivo seguía por el camino que yo conocía calle tras calle, me puse a escuchar música para relajarme, ya que tenía un viaje de una hora. De repente, el colectivo no dobló en Avenida Juan B. Justo. Me agarró un gran pánico porque, aunque conocía bien la ruta del colectivo 166, no conocía bien la zona por donde pasaba y estaba totalmente perdida. Me había subido al colectivo equivocado, el cartel de éste decía "162". Por estar tan distraída cuando llegaron los colectivos, me subí al colectivo que estaba vacío sin fijarme en el cartel. Me acerqué al chofer cuando le escuché decir que estábamos llegando a la terminal de Liniers, una zona muy insegura, especialmente a las 12:30 de la noche. Antes de viajar a Argentina mi mamá me había aconsejado que nunca viajara sola por Linears, y hasta ese momento lo había evitado por completo. En un tono muy nervioso, le pregunté al chofer dónde estábamos y dónde tendría que ir para tomar un colectivo que me llevara a Palermo, mi destino original del viaje. Me asusté todavía más cuando el chofer se dio cuenta de que estaba perdida en uno de los peores lugares de Buenos Aires. El otro consejo de mi mamá era que no confiara en nadie. Pero en ese momento no me quedaba otra opción más que confiar en el chofer, aunque no me parecía la mejor. Bajamos del colectivo y me dirigió hacia la parada de otro que me dejaba cerca de mi casa. Solo quería irme de Linears, quería escaparme del olor a humo que venía del fuego encendido bajo el puente que teníamos que cruzar. Me dejó en la esquina de una calle y solo me dijo "caminá derecho hasta llegar a la primera parada de colectivo, no hablés con nadie y no te acerqués a nadie que acá la gente es rápida y viva". Gracias al consejo, me fui casi corriendo hacia la parada, con un ritmo cardiaco acelerado. Por suerte, el colectivo llegó en seguida y me escapé del terrible momento sin que nada me ocurriera.

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     La autora narra con bastante gracia una historia que a todo el mundo le ha sucedido alguna vez en la vida: extraviarse en la ciudad, tomar un autobús equivocado.
     Escribe con mucha soltura y buen ritmo.
     Ahora bien: va más allá de lo gracioso. En este texto hace que el lector sienta tensión, angustia, que se transporte al lugar de los hechos (Liniers, Buenos Aires, Argentina) y se asuste al verse perdido en ese lugar, sobre todo a altas horas de la noche.




vol. 11 (2014)
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