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Juan Javier Rivera Andía


La cofradía del tiempo

      Religion does not help me. The faith that others give to what is unseen, I give to what one can touch, and look at. My gods dwell in temples made with hands... I have found in it [earth] not merely the beauty of heaven, but the horror of hell also. When I think about religion at all, I feel as if I would like to found an order to those who cannot believe: the Confraternity of Faithless one might call it, where on an altar, on which no taper burned, a priest, in whose heart peace had no dwelling, might celebrate with unblessed bread and a chalice empty of wine.
Oscar Wilde. De Profundis


i (Viento frente al mar)

      Algo en las plegarias, las aves, el ocaso... Algo en los murmullos... en el trozo de metal; en el miedo, en el fastidio inaplazable, en el hastío aquietado de todos los caminos... en las sábanas, los cuerpos jóvenes, ordinarios... Algo entre los muertos, los que aún viven. Algo en los amigos, en los besos de las madres, en los abrazos inútiles, en tu rostro, en lo vedado... Algo dice que aún puedo respirar... Siempre algo, algo en los trinos innumerables, en su mirada de niño extraviado, en el bosque de palabras que llama y azora; siempre algo en cada párpado, algo, querida, algo que obliga a caminar.

ii

      Tus ojos pueden viajar todo el día, uno tras otro, ellos nunca se cerrarán, nunca permitirán mentiras, globos naranjas, odiosos. Llenando el mar de peces antiguos, quebrando ligaduras ateridas. Tus hijos, el vino, la libreta. Tus ojos, tu cuerpo, tu piel; todo cicatrices, dónde, mi amor. Detén lo nocturno en tus cabellos y conserva alguna postura para el recuerdo. Tus bellos, tornasolados ojos. Bermejos manantiales entre rocas inencontrables, como el mármol y el aire sólido de las ilusiones. Tus ojos son rutas de huérfanos. Tus terribles ojos cancionados, allende los atrios. Ajenos a la burla, a la pena. Tus ojos de cristal encarnado, de cenizas de mariposas, de inaudita niebla, agonizando de garúa, de amistad amorosa. Tus ojos preciosos, mi amor; qué más pueden ver aquí sino el cadáver que fui en medio de la pena, y la furia; la ruma de pelos, llanto, uñas, risas. Toda la sustancia que puebla los sepulcros, toda la vida que circunda esos ojos de cielo inerte.

iii

      Viento Sur, parte hacia el sol - aquel ladrón de amores y sueños; aquel que se jacta de sus cabellos, de su poder y sus jugos -. Ve por nuestra victoria, abre tu seno a los hambrientos, a los orates, a los reos del perdón. Danos mujeres que anhelar, armas y banderas que sostener, danos odio, penas silenciosas, pecados, blasfemias, humillaciones; dinos qué erigir en nuestras plazas.
      Tibio Viento Sur, retorna para que surjamos de las piedras; renueva el aire pútrido, esboza cada una de nuestras sonrisas, cada rumor nocturno en los bosques, amasa las notas claras de este amor que pronto descubriremos al mundo.
Viento Sur, lanzaremos toda tristeza detrás del cielo, detrás de las cumbres y abismos que ya sorteamos; aboliremos la memoria de los hermanos muertos; levantaremos el puño hacia la negrura del infinito; y barreremos todos los muros, todos los hitos que otro Dios haya olvidado en nuestra tierra.... Amaremos. Quemaremos. Incendiaremos.

iv

      Aprenderás, llegará el día en que sabrás de la música en tu pecho, librarás tus abrazos, tus días sin astros ni árboles. Un jugo de naranja, un cigarrillo, o un lápiz podrán decírtelo, una mañana cualquiera. Preguntarás de qué está hecho lo que tanto has pedido. Sin ríos colorche, sin techo ni hogar ni paz, clamarás: "¡Paz perpetua a los niños! ¡Paz sublime a los desgraciados, a los adictos de aves y malezas, al verdor! ¡Paz bella, al soldadillo extraviado, cojo, diestro en la cortedad de matar!".
      Pero si tu vida se tornara crispación libresca, callejera, diurna; si, trocando amistades, huyendo; si tomaras el control de cada arteria, esos mares perpetuos que juegan dentro... Si, ebria, inhallable, inconmensurable sostuvieras el peso de tu propio mito; si hallaras una solución mezclando vómitos, sorbiendo líquidos... Entonces saldrías al mundo, con tu pecho desnudo, y mirarías los rostros avejentados de los que te amaron.

v

      Cuando cae la tarde sobre la sabana del augurio, cuando tocas una y otra brizna con los movimientos de tus piernas, cuando amas. Entonces es la flor de la roca y es la culpa, la compasión. Y las nubes se aterran de tales gritos. Entonces soy yo, conquistando las nubes que dormirán en mi pecho y se enredarán entre mis dedos. Oyendo canciones, agazapado con la noche en un bosque de pensamientos. Entonces soy yo, abrigado, harto de pastillas falsas, del fuego inextinguible de unos besos, abrazos, risas, hallazgos tan sutiles como el viento. Yo, siempre yo... ¿Y si te amase? Entonces esperaría la tarde cada tarde, ordenaría silencio al eco, y leería libros manchados de sangre. Ah, entonces lanzaría nuestras pinturas a los techos de las casas más blancas y sostendría charlas eruditas con los gallinazos del Centro, charlas sobre la contracción de la risa, el tono de unos ocasos, o sobre la virtud poco griega de tu rubor; si me amases.

vi

      Tratando de ver en tus ojos una verdad que agoniza, el azul cenizo bajo los pies. Desnudo, anulado, inmóvil. Besando otra porción de piel, el azul cenizo bajo los pies. Entonces una sonrisa amenaza la longitud de las nubes, el prurito vertiginoso invade los rincones de mi boca y la ciencia y el violín azoran el infame umbral del deseo. Entonces retornan el círculo ámbar de una soledad que tiembla en cada pupila, la orquídea indiferente que ha brotado de entre pliegues, saludos; entonces te empuja el viento y su luz danzante. De la fría arena del olvido, de la estupidez sabia de las piedras, de la luz de la lluvia, se delinean magras oquedades y rejillas de agua.




vol. 1 (2004)
vol. 1 (2004)
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